El modelo educativo y el desarrollo de las competencias en el canton manabi
La educación ecuatoriana ha atravesado diversos cambios que
deben entenderse como la aplicación progresiva de un nuevo modelo
regulatorio, enmarcado en la concepción de que un buen sistema
educativo es la mejor garantía para conseguir la igualdad y la inclusión
social para las futuras generaciones, y es una condición indispensable
para el Buen Vivir (Senplades, 2017).
Históricamente, el sistema educativo ecuatoriano ha mantenido
un desarrollo desigual y diferenciado fruto de inequidades
socioeconómicas y una ineficaz cobertura de servicios públicos en el
territorio (Senplades, 2017). En tiempos recientes, se han realizado
grandes esfuerzos para revertir esta situación (Senplades, 2017). Entre
los avances significativos de los últimos años se pueden mencionar:
aumento de cobertura, gratuidad de la enseñanza pública, impulso
a la inclusión, crecimiento de tasas de matriculación e incremento
del financiamiento, entre otros (Senplades, 2017). De acuerdo con
un estudio referente a los resultados del Tercer Estudio Regional
Comparativo y Explicativo (Terce), que fue publicado por Unesco en
2016, el país obtuvo resultados por encima del promedio regional en
evaluaciones de desempeño estudiantil contrastando con estudios
previos donde los resultados ubicaban al país en los últimos escaños
a nivel regional (Flotts et al., 2016). Pero si bien Ecuador aparece hoy
en una ubicación media entre los países de la región, sin duda alguna
aún queda mucho por hacer.
La Constitución establece un marco de derechos donde la
educación es definida como un derecho de las personas a lo largo de
su vida; la educación es un deber ineludible e inexcusable del Estado,
que debe ser priorizada tanto en definiciones de política pública como
en inversión estatal (Asamblea Nacional Constituyente, 2008). Se
estableció, además, que el Estado debe garantizar sin discriminación
alguna el goce del derecho a la educación (art. 3) promoviendo
el acceso universal, la permanencia, la movilidad y el egreso sin
discriminación alguna y la obligatoriedad en los niveles Inicial, Básico
y Bachillerato (art. 28). Además, se dispuso que la educación debe
centrarse en el ser humano y su desarrollo holístico en el marco del
respeto a los derechos humanos, al medio ambiente y a la democracia.
Por esto se define su carácter de participativa, obligatoria, intercultural,
democrática, incluyente, diversa y de calidad. Debe impulsar la equidad
de género, la justicia, la solidaridad y la paz; estimulando el sentido
crítico, el arte y la cultura física, la iniciativa individual y comunitaria, y
el desarrollo de competencias y capacidades para crear y trabajar (art.
27), reconociendo y respetando los derechos de las comunidades, los
pueblos y las nacionalidades a una educación intercultural bilingüe.
Se han implementado nuevos programas, las
políticas, los recursos y los actores del proceso educativo, así como
aquellas acciones en los niveles de Educación Inicial (EI), Educación
General Básica (EGB) y Bachillerato General Unificado (BGU) (art.
344). Como parte del diseño del SNE, se definió la creación de una
institución pública autónoma para la promoción de la calidad de la
educación y la evaluación integral interna y externa (art. 346). Esta
fue la partida de nacimiento del Ineval que inicia su vida institucional
en noviembre de 2012 y desde entonces, realiza procesos evaluativos
periódicos al SNE y, vela por la continua mejora en la calidad de la
educación
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